Hay fortaleza en ser vulnerable.
- elbuencoach
- 16 sept 2020
- 2 Min. de lectura
Comúnmente consideramos que ser vulnerables es ponernos en una situación de debilidad. No obstante, hay fortaleza en serlo. Vivimos en un mundo en el que constantemente nos encontramos en situaciones en las que necesitamos ser vulnerables. Podemos verlo claramente cuando invitamos a salir a alguien o cuando pedimos ayuda. Pero somos vulnerables incluso cuando iniciamos conversaciones o cuando expresamos nuestras opiniones.
A pesar de ser algo que pasa frecuentemente, tratamos de negar esa vulnerabilidad e incluso buscamos adormecerla. Constantemente nos tomamos fotos con filtros, editamos nuestras publicaciones y elegimos qué enseñar. Esto mismo hacemos con quiénes somos.
Estoy de acuerdo, no es fácil mostrarnos sensibles, vulnerables e imperfectos. Sin embargo, somos humanos y, como tal, experimentamos miedos, sentimos inseguridades y tenemos debilidades y carencias. Reconocer esto es lo que nos permite ver claramente la imagen completa de quiénes somos.
La importancia de esto radica en el hecho de que la vulnerabilidad es en donde comienza nuestro amor propio, el cual, saludable y equilibrado, es lo que nos lleva a creer que somos dignos de amor y de pertenecer. Aceptar nuestros puntos débiles, sin dejarnos acomplejar por ellos, nos hace más fuertes. Nos ayuda a establecer conexiones verdaderas con los demás, ya que, al ser auténticos, estamos dispuestos a relacionarnos desde quienes somos y no desde quien creemos que debemos ser.
Es necesario darnos la oportunidad de conocer a nuestro verdadero yo y de reconocerlo frente a nosotros mismos y frente a otros. Esto requiere ser amables con nosotros mismos, lo cual a su vez nos permite ser compasivos con los demás. Ser vulnerable no es equivalente a ser débil. Al contrario, se requiere valor para mostrarnos tal y como somos.
Estar vivo implica ser y sentirnos vulnerables. Necesitamos permitirnos estar en esa posición, ya que solamente así podremos conocernos y desarrollar quienes somos. Somos seres imperfectos, sí. Y, ¿sabes algo? Somos dignos de amor y de pertenecer.
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